II. La sombra del "Caminante" . . .
¿ Qué me dices de tí, austero Caminante ?
Aquel que regala un eco a mis pisadas, un rastro más amplio, . . algo que debiera entallar nuestra distancia, y, ¡sí! lo hace , por supuesto que lo hace. En silencioso y profundo anhelo, las ya desvencijadas tramas de la separación se desintegran, y por fin , nos hallamos en nuestra desnudez temprana.
Sumergidos en tal profunda complicidad, avanzamos silenciosos por las escarpadas orillas del mundo. Juntos contemplamos el devenir del océano, siempre cambiante . . pero siempre el mismo. Y es en ese preciso instante cuando la mirada del Caminante se torna infinita, contemplando un horizonte que es espejo de toda su vida; y la distancia que separa su mirada del crepúsculo se mella, se disuelve, y se hacen uno. y es, en ese preciso instante, cuando el Caminante y yo nos separamos por un momento, un lapso aletargado, donde me quedo quieto, inmóvil, compañero de su sombra. Segundos eternos, que me hacen comprender que mi compañero de viaje está recorriendo su propio camino, breve, pero solitario.
Es entonces su sombra, el demiurgo elegido, quien me hace partícipe de su caminar. Me susurra que otrora fuera un solitario peregrino, viajero imperturbable que dejaba huellas profundas a su paso, tomando y conservando diversos presentes y, entregando otros a cambio , continuaba, y sentía viveza en su corazón. Numerosos fueron los destinos, mas ahora ha terminado siendo mi preciado acompañante. Díjome que, de un momento a otro, esté atento, pues su mirada volverá de nuevo a mí, al camino, para proseguir. Que es en ese momento cuando callará ella misma ( su sombra ), y sólo volverá a hablarme cuando el Caminante, respondiendo a una misteriosa llamada de su interior, vuelva a elevar la vista al horizonte. En ese momento, volverá su sombra a hablarme, puesto que ella será intérprete anodino de su ser, tan solo en aquellos momentos en los que yo, el Gran Buscador, no tenga acceso a su interior, y sea, tal vez, protagonista espontáneo de un oscuro ostracismo, que, aunque frugal, me alejará del Caminante para luego encontrarnos de nuevo y retornar, una vez más, al reinicio de la marcha.
Es entonces su sombra, el demiurgo elegido, quien me hace partícipe de su caminar. Me susurra que otrora fuera un solitario peregrino, viajero imperturbable que dejaba huellas profundas a su paso, tomando y conservando diversos presentes y, entregando otros a cambio , continuaba, y sentía viveza en su corazón. Numerosos fueron los destinos, mas ahora ha terminado siendo mi preciado acompañante. Díjome que, de un momento a otro, esté atento, pues su mirada volverá de nuevo a mí, al camino, para proseguir. Que es en ese momento cuando callará ella misma ( su sombra ), y sólo volverá a hablarme cuando el Caminante, respondiendo a una misteriosa llamada de su interior, vuelva a elevar la vista al horizonte. En ese momento, volverá su sombra a hablarme, puesto que ella será intérprete anodino de su ser, tan solo en aquellos momentos en los que yo, el Gran Buscador, no tenga acceso a su interior, y sea, tal vez, protagonista espontáneo de un oscuro ostracismo, que, aunque frugal, me alejará del Caminante para luego encontrarnos de nuevo y retornar, una vez más, al reinicio de la marcha.
¿ Me miras a mí, Caminante ? Sí, por supuesto que es a mí. Prosigamos nuestro andar . . .

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