lunes, 19 de marzo de 2012

2. La sombra del "Caminante" . . .


II. La sombra del "Caminante" . . .


¿ Qué me dices de tí, austero Caminante ?

Aquel que regala un eco a mis pisadas, un rastro más amplio, . . algo que debiera entallar nuestra distancia, y,  ¡sí! lo hace , por supuesto que lo hace. En silencioso y profundo anhelo, las ya desvencijadas tramas de la separación se desintegran, y por fin , nos hallamos en nuestra desnudez temprana.

Sumergidos en tal profunda complicidad, avanzamos silenciosos por las escarpadas orillas del mundo. Juntos contemplamos el devenir del océano, siempre cambiante . . pero siempre el mismo. Y es en ese preciso instante cuando la mirada del  Caminante se torna infinita, contemplando un horizonte que es espejo de toda su vida; y la distancia que separa su mirada del crepúsculo se mella, se disuelve, y se hacen uno. y es, en ese preciso instante, cuando el Caminante y yo nos separamos por un momento, un lapso aletargado, donde me quedo quieto, inmóvil, compañero de su sombra. Segundos eternos, que me hacen comprender que mi compañero de viaje está recorriendo su propio camino, breve, pero solitario.

Es entonces su sombra, el demiurgo elegido, quien me hace partícipe de su caminar. Me susurra que otrora fuera un solitario peregrino, viajero imperturbable que dejaba huellas profundas a su paso, tomando y conservando diversos presentes y,  entregando otros a cambio , continuaba, y sentía viveza en su corazón. Numerosos fueron los destinos, mas ahora ha terminado siendo mi preciado acompañante. Díjome que, de  un momento a otro, esté atento, pues su mirada volverá de nuevo a mí, al camino, para proseguir. Que es en ese momento cuando callará ella misma ( su sombra ), y sólo volverá a hablarme cuando el Caminante, respondiendo a una misteriosa llamada de su interior, vuelva a elevar la vista al horizonte. En ese momento, volverá su sombra a hablarme, puesto que ella será intérprete anodino de su ser, tan solo en aquellos momentos en los que yo, el Gran Buscador, no tenga acceso a su interior, y sea, tal vez, protagonista espontáneo de un oscuro ostracismo, que, aunque frugal, me alejará del Caminante para  luego encontrarnos de nuevo y retornar, una vez más, al reinicio de la marcha.
¿ Me miras a mí,  Caminante ? Sí, por supuesto que es a mí. Prosigamos nuestro andar . . .


viernes, 16 de marzo de 2012

1 .Esta es mi senda . . .


I. Esta es mi senda . . .


Estas letras, y estas palabras, no pertenecen a ningún escrito predefinido, deliberado; ni tampoco algo estructurado, puesto que ni en mi misma mente se completa en estructura.

Estos son retazos de mi senda, de mi camino, tan matizado en detalles que se entremezclan, algunos se colapsan y ebullen para dar paso a otros nuevos, más complejos, que a su vez siguen el mismo proceso. Porque así funciona la mente, como un bucle infinito cada vez más enrevesado.

Mi senda es sinuosa, abrupta a veces, y aunque sé que el destino final será, invariablemente, el mismo, es mutable, extensible, moldeable, abstracta a veces, como un pensamiento figurado que es distinto cada vez que es evocado.

Tengo un compañero de viaje, alguien a mi lado en el camino, que es capaz de percibir, de seguir las voluptuosidades, las visicitudes, y cambios de gravedad, de este sendero, que parece, en ocasiones, como pequeños maderos flotantes sobre una masa inmensa de agua.  Y aunque ese compañero, tiene su propio sendero, porque, digamos, que es el "Caminante", con sus propios destellos de cambio en su recorrido . .  es capaz de entrelazar en ocasiones sus hebras con las mias, y recorrer el sendero juntos.  El Caminante, y yo mismo.

El recorrido cambia por momentos, tanto como cambian las descripciones sobre él descritas; así como se retuerce por momentos, así se retuerce su descripción. Pues como he dicho, no puede ser posible, no existe una estructura sólida descriptible para algo que no es inmutable.

Aun así, vámonos, Caminante,  adentrémonos, un día más, en los efímeros pasos que a recorrer se nos invita, efímeros, sí, pero de lóngevas huellas. Recorramos las estrechas vías, amplios recodos, mundos.. sin fin, que son la vida misma, tan imposible de describir que ni en simbiosis con esta alegoría narrada desde el comienzo, pueda ser acogida en el hogar del entendimiento.





El Gran Buscador.